Carta abierta a Lorca: ¿otra peli de la guerra civil?

 

Una carta para Federico García Lorca acerca de La bola negra

Hola Lorca,

Antes de nada, decir que te llamaré Lorca o poeta y no Federico, y no por una cuestión de respeto o falta de confianza —o no solo por eso—, sino debido a preferencias personales. El nombre de Federico ahora suele encontrarse con más frecuencia entre aquellos que tú llamabas señores, con retintín, y sin embargo Lorca conserva toda la fuerza y la sonoridad de un buen verso. Lorca me gusta. Lorca, pues.

Te escribo para hablarte de La bola negra, para decirte cómo le ha ido a los Javis con la adaptación y conclusión de tu obra. Seré honesto en todo momento y procuraré hablar en términos sencillos, evitando siempre que pueda esas digresiones cinematográficas a las que acostumbro. Más que nada porque ponerme grandilocuente frente a un grande como tú sería ridículo por mi parte. Eso sí, como ya he apuntado, no especularé con la verdad, con mi verdad, al menos. Por lo poco que te conozco, creo que lo prefieres así.

Para empezar, he de reconocer que antes de ver la película no era muy fan de los Javis, y ya puestos, tampoco lo era de tu obra, o de lo poco que he leído de tu obra. Poeta en Nueva York, por ejemplo, no me dijo demasiado, tengo que ser sincero. Y en cuanto a los Javis, he podido reconocer ramalazos de talento aquí y allá en sus trabajos previos pero nada del otro mundo, nada que no hubiera hecho antes Pedro a un nivel similar o Xavier Dolan mil veces mejor. Si a esto le sumas que sus dinámicas de pareja y su afán de protagonismo a veces pueden resultar cargantes —tenías que haberlos visto recibiendo el premio en Cannes y relegando al ostracismo al otro ganador ex aequo, un fuera de serie como Paweł Pawlikowski—, le añades a Guitarricadelafuente en un papel protagonista y encuadras la obra en la guerra civil española, pues es normal que tuviera mis reservas ante el visionado de La bola negra, a pesar de las buenas críticas y de los galardones que ya acumula. Sobre todo por lo de la guerra civil. En serio, ¿otra peli de la guerra civil? Por desgracia, Lorca, tú no has estado por aquí en los últimos cincuenta años, pero de haberlo estado, sabrías a qué me refiero. Esa pregunta retórica, algo manida y en ciertos entornos incendiaria, encapsula sin embargo una época del cine español que no resultó demasiado estimulante, y eso que no era muy difícil mejorar, viniendo del cine del destape, con Esteso, Alfredo Landa y compañía, el período más rancio y olvidable de la historia de nuestro cine. Cuando nos preguntábamos eso de ¿otra peli de la guerra civil? nuestra generación reclamaba de forma implícita un cambio; más valentía, más diversidad y más originalidad en el cine patrio. Seguramente injusta también a su manera, esa frase interrogativa sería el epitafio perfecto para una época anodina para el espectador nacional. Siempre hay excepciones, claro. Pero muy pocas, no te voy a engañar, poeta. Parafraseando a Bukowski en aquel poema, las salas españolas dormían en sus bostezos. El rechazo que generaba nuestro cine era comprensible a poco que la industria dejara a un lado su amor propio. Parece que lo ha hecho, poeta. La cosa ha cambiado mucho. Ya te contaré otro día y en otra carta acerca de Alberto Rodríguez, Carla Simón, Javier Macipe, Sorogoyen, Laxe…

Bueno, me centro de nuevo —¿ves?, te advertí de que corríamos este riesgo—. El caso es que todos esos prejuicios sobre los directores, los actores y la temática fueron ametrallados por la aviación fascista italiana a los pocos minutos de metraje. Agonizantes, aguantaron apenas un par de escenas más y luego ya ni rastro de ellos, poeta. La bola negra que podría haberle echado a los Javis me la tuve que tragar.

Seré claro y conciso, querido Lorca: la película es muy buena. Como artista, apreciarías el arte que exuda cada plano de La bola negra. El film es estético, con una dirección artística extraordinaria. Te encantarían esas localizaciones y esos decorados oníricos, casi suspendidos de la realidad. El encanto de unas ruinas; la luminaria tenue de un camerino; una ventana ajada y esquinada en el frame; una lámpara de araña caída sobre la nieve, con sus lentejuelas como mil soles derritiéndose al frío, una imagen que algo también le adeuda al gran Sorrentino, todo sea dicho. Respecto al reparto, todos cumplen con creces, incluso un Guitarricadelafuente por el que no daba un duro, ya te lo dejaba caer. Lo cierto es que los reclutarías a todos y a todas para La Barraca, si pudieras. Te lo garantizo.

La historia —y esto te resultará nuevo— se cuenta desde tres frentes temporales, y esas líneas argumentales se van trenzando a medida que avanza la peli hasta quedar perfectamente cruzadas, con un buen lazo al final de la trenza. No se trata de un guion fácil, si acaso facilón —entiéndeme la diferencia de cara al público—, pero ni siquiera pondría esto como un defecto. El desenlace tal vez se dilata un pelín más de lo necesario, pero funciona muy bien de igual modo. Lorca, tendrías que haberlo visto, que haberlo oído, ese silencio tras el fundido a negro, todos quietos en sus butacas, la sala llena como no la veía desde hace muchísimo tiempo, ni con las pelis de Marvel —mejor no preguntes—.

Así que, resumiendo, las imágenes tienen pegada, los actores tienen pegada y la historia tiene pegada, porque está contada con la mesura oportuna en los momentos necesarios, porque carga con un mensaje poderosísimo que atraviesa espacio y tiempo con la naturalidad de una verdad universal, de una justicia divina. Y también nos advierte, Lorca, de aquello que te sobrevino como un mal sueño en los años treinta y que puede volver ahora como una peste casi un siglo después.

Respecto a la dirección, se antojan merecidos los premios y distinciones que cosechan los Javis allá donde van. Y lo que les queda. Algunas concesiones efectistas con la cámara hay, no te voy a engañar, poeta, aunque se disfrutan, no chirrían. A determinados pasajes les pega esa demostración de virtuosismo, como la escena esa que escribiste en la que Carlos baila en una especie de tablao. Ahí se lucen los Javis, con la ayuda inestimable del director de fotografía, claro. Añadir, a colación de esto, que la música es magnífica. La banda sonora acompaña en exceso al comienzo, cierto, pero va otorgando silencios de valor allí donde se precisan, y resulta fantástica la forma en que hibrida tradición y modernidad, para sentir una chispa de electrónica en mitad de un canto flamenco o una sinfonía clásica al escuchar un tema electrónico. Todo el tiempo y todo tempo marcado por una trompeta, afinada o desafinada según las emociones o transiciones entre líneas de la trenza.

No me enrollaré mucho más, Lorca. Solo añadir —agárrate ahora— que tú apareces en el último tramo. Tu sábana de fantasma adquiere textura de celuloide y renaces en pantalla. Coincidirás conmigo en que se trata de una decisión artística controvertida, sin duda. El tributo y la elegancia de la obra podrían verse comprometidos a poco que no se esté muy fino en el retrato. Para tu tranquilidad, la jugada les sale muy bien a los Javis. No te hacen quedar mal. Algunos dirán que la representación te engrandece, otros que no, pero nadie dirá que sales mal parado. Tu aparición sirve para hilvanar mejor las vidas de los personajes y además tú mismo refuerzas de alguna manera las razones y la potestad que tienen los Javis a la hora de terminar tu obra inconclusa, un truco inteligente de los jóvenes directores. Como igual de bueno es el recurso de incluir el culto a la propia obra dentro de la película, al estilo del maestro Stanisław Lem y su solarística en Solaris. Se trata de un punto de metacine que si se hace de forma sutil siempre juega a favor de la banca. En esta ocasión, escuchar a los personajes hablar de La bola negra y de su misterio mientras se ve La bola negra tiene un efecto exponencial en el espectador. Una vez más, chapó.

En definitiva, Lorca, creo que La bola negra es una película que aplaudirías. El público español ya lo hace, en masa, a pesar de abandonar las salas con algo parecido al título atravesado en la garganta. Le auguro muchos éxitos. Además, puedo asegurarte y te aseguro que La bola negra no es otra película más sobre la guerra civil española. Entre todos los estereotipos que rompe también está ese. Se suma a El laberinto del fauno y juntas tumban por fin el tópico.

Me despediré afirmando que algo bueno salió finalmente de esa obra tuya cortada por las malas y olvidada por el dolor. Espero que esta misiva surque ventiscas y no se pierda en la nieve antes de llegar a ti, poeta. Espero que mis palabras supongan una pizca de regocijo o de consuelo tardío.

Para ti y para los Javis a partir de ahora, una bola blanca.

Afectuosamente, Alexis HB

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •